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La semana pasada tuve el honor de participar en Les dones i els dies @donesidies, el programa de Catalunya Ràdio, conducido habitualmente por Montse Virgili pero aquel día presentado y dirigido por la periodista Roser Parera. El tema del día era el deporte. Pero no el deporte como celebración o como logro. El deporte como espacio donde las mujeres todavía tienen que negociar con el miedo.
Y eso me tocó hondo.
Compartí programa con Jes Bonet, deportista referente, y fue de esas conversaciones donde sientes que las piezas encajan: datos, experiencia vivida y ganas de cambiar las cosas, todo en el mismo espacio.
Porque no estábamos hablando de casos excepcionales. Estábamos hablando de una realidad cotidiana: un 25% de las mujeres que hacen deporte al aire libre no se sienten seguras. Una de cada cuatro. Mujeres que salen a correr y llevan un espray en el bolsillo. Que cambian el horario, la ruta, el ritmo. Que no van solas. Que no van.
Si tenemos que pensar mil veces por dónde pasamos, o si debemos enviar nuestra ubicación en directo para que alguien sepa dónde estamos, eso no es libertad. Es vigilancia permanente disfrazada de precaución.
Y la hemos normalizado tanto que casi ni la vemos.
La responsabilidad de la seguridad no puede recaer sobre quien ya es víctima potencial. No es un problema individual que cada mujer deba resolver equipándose mejor, saliendo a otra hora, o corriendo más rápido.
El reto es colectivo. Y la respuesta también tiene que serlo: de los clubes, de las federaciones, de los ayuntamientos, de los centros educativos.
En la conversación con Roser Parera pusimos encima de la mesa algo que me parece fundamental: el deporte debería ser un espacio de bienestar y libertad. No de vigilancia constante. No de cálculo del riesgo antes de salir a hacer running un domingo por la mañana.
Cuando una mujer tiene que pensar dos veces antes de ponerse las zapatillas, algo está fallando. Y no es ella.
Me fui del programa con esa mezcla de urgencia y esperanza que me da el trabajo que hacemos. Urgencia porque la situación no puede esperar. Esperanza porque hay cada vez más voces —en los medios, en las instituciones, en los propios clubs— dispuestas a moverlo.
Gracias al equipo de Les dones i els dies y a Catalunya Ràdio por abrir este espacio divulgativo tan necesario. Estas conversaciones importan.
Si quieres que hablemos sobre cómo construir entornos más seguros, aquí estoy.





